15/5/13


Busco lo rápido, lo ajeno, me evado.


Te busco.


Y escondo matices de espanto.


Siembro mi miedo despacio, recreo
los toques de queda pasados.


Y en la noche sincera, abierta
y extraña que cerca,
miradas intercambio,

besos guardo

en papeles de fumar,
en pañuelos baratos.


----- Mais oiseau, aussi, avui -----




12 frases para desenamorarse


  • Me provocrastinaste 
  • A vezes que voce joga me tonto. 
  • Si quieres que traiga la Luna tendrías que irte de la Tierra.
  • Vomito por ti.
  • ¡Qué potito es el amor! (sonido de una cadena del baño)
  • Sin-zorra-miente, tuya. 
  • Siem-preñada.
  • Por ti me quito el peluquín.
  • Be-ee-ehhhhh-SOS!
  • Mi lengua busca a la tuya.
  • Fue verte y querer ... huir.
  • Te imagino sin ropa ... y te prefiero vestidX


6/5/13

Reaprender a aprender


El ordenador, un universo paralelo en el que nos conectamos por pantalla.

Leemos, nos informamos, reímos, lloramos... vivimos a través de un teclado, un ratón y una pantalla inmóvil, que nos provoca y absorbe.

¿Conoces el dicho ´no mezcles placer con trabajo´? Uno hasta que llegó la Sra. Crisis podía elegir la profesión por la que tenía vocación, salvo algunas declaraciones que es para echarse las manos a la cabeza... o mejor... a la cabeza de quien la dice, si es que hay donde agarrar.

Pero también hay otros dichos:´Mejor no mezclar familia con negocios´. ¡Sandeces, rayos y retruécanos! Cuántos negocios familiares viven de eso, de mezclar y armonizar maridos y mujeres, cuántos puestos de administración pública tienen a allegados, al ser de confianza, a mano.

Desviándome del tema, esto me lleva a pensar en la dinámica del psicólogo así autodenominado. Yo admito que peco. En el fondo ejercer de consejer@ es señalar con el dedo -derecho, izquierdo, el de en medio, o como si señalamos con el tercer ojo indio, el espiritual-. A todos nos gusta sentenciar y dar consejos, pero mientras que con una mano, alzada bien alta, señalas y ves el error ajeno, por detrás cruzas los dedos tras la espalda. Ojalá no te pase, o te pasa y cierras los ojos. Que otro te aconseje. Un mono saca los piojos de otro.

Pero volvamos al tema. Hablaba de... Ahhh, sí. Ya recuerdo. Ordenadores, refranes de no mezclar trabajo y familia o placer, vamos... Que trabajes y punto.¿Y qué tiene que ver el ordenador con frases hechas y refranes?

Ahora mismo estoy ante el ordenador, que al mismo tiempo es mi principal fuente de evasión, mi escritorio de trabajo, mis libros de consulta, mi teléfono móvil, mi álbum de recuerdos, mi filmoteca, mi diario de a bordo -ésto que lees, estos sinsentidos-, mi periódico, mi radio, mi televisión, mi reproductor de música, mi tienda, mi lugar para encontrar y organizar viajes, mi aula de idiomas, mi ludoteca, mi inspiración.

El problema es cuando debes imponer una de las opciones sobre las otras. Porque la atención se nos ha disminuido a spots, eslóganes, brevísimos titulares, micro dosis de entretenimiento, información y cultura. Somos audiovisuales, y el problema es enfrentarte a la reflexión cuando, en la misma pantalla, tienes mil modos que se te ofrecen apetecibles e inmediatos.

Y ahí mi conclusión: Hay que reaprender a aprender.Los viejos refranes, que no son absolutos, ni pueden aplicarse a rajatabla, no dejan de ser sabiduría popular.

Antes compartimentar las facetas de la vida y la rutina era fácil: Vida familiar y vida laboral; oficina y hogar. Ahora, en cambio, podemos trabajar desde casa, seguimos conectados a la última actualización de email, Facebook, Twitter aunque estemos en la playa, y es algo angustioso cuando no tienes un smartphone a mano.

El límite se desdibuja, no sólo cuesta distinguir cuándo usar la pantalla -del móvil, de la tableta, del ordenador- como herramienta de trabajo o medio de ocio, sino separar la vida privada y pública, la familiar y la laboral.

Hay que reaprender a conocer al que se ha convertido en una más en nuestra vida, con la que pasaremos horas y horas, que nos hará gozar... pero también sufrir. Nos ayudará, pero también nos torturará a veces de manera gratuita e innecesaria. Esa pantalla en que volcamos todo.

Hay que reaprender poner límites.


P.D: No os he dicho nada que no sepáis y hayáis experimentado en carnes propias. Pero oye, no viene mal refrescar las lecciones que creemos aprendidas.