23/11/10

Señorita K

Se siente inútil, con ganas de gritar sin poder arrancarse las cuerdas vocales, quiere estamparse contra la cristaleda para ver si puede cruzarla sin hacerse añicos en el intento, ve el desierto al otro lado, quiere meterse arena en la boca a ver si así se le quita la sed, busca en los rincones llaves suicidas que se desmanejen y se enrollen para escupir verdades nunca dichas.

Camina tropezando con su sombra, pero tira de ella aunque sienta que va descosiendo su alma, aunque nota que va desubicando el poco orden que quedaba en el alboroto de su azotea, aunque va chorreando las mentiras tan cuidadosamente protegidas. Arrastra los pies con fuerza y rabia, siente que el suelo va lijando las asperezas de sus talones, despellejándola de los pasos anteriores. Se desnuda ante el espejo, se mira sin ganas, se toca casi obligada, ve sin ver su rostro y desdibuja los contornos de una imagen que niega.


Las escaleras. Su mirada va ahora a las escaleras. Siente que quiere subirlas. No puede. Clava sus uñas a la redondez metálica, huye uniéndose a la frialdad arquetípica, se funde, se funde, se funde, siente algo de calor por dentro, se deja abrasar, recuerda un cristal, se pierde en la caída esférica, y decide al fin tumbarse en la maqueta de la vida, con un halo de amapolas que brota de su cabellera.


Al fin, sonríe con los ojos fijos en un cielo pintarrajeado, borroso, como sus labios y como esas pulseras creadas con tijeras y navajas, como su nuevo tocado. Sonríe. Sonríe. Sólo se oye su sonrisa.



---- Toc... toc... toc... ¡pum!...¡ahh!....shhhh... .... ... ---

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