24/11/10

Moto

Nunca es suficiente, se dice, nunca, y si no que se lo digan al Pillo, menudo él. Tchhh el otro día casi lo trincan, en la tienda de la cuñá de la Mala, y mira que si lo pillan... nadie hubiera daó su pellejo por él, ni el pellejo ni, mucho menos, una perra. Nadie, que la cosa está muy mala como para ir de santo. Bah, se dice, el Pillo ya es mayor, ya sabe que una zurra es lo de menos, que lo pueden llevar donde los comisarios y vería si se atreve a asomar el pescuezo otra vez, vería si echa el ojo a los embutidos o a los dulces. Tchhh que la cosa va muy mal y el horno no está para bollos, pensando en bollos, ¡qué hambre, carajo!, ¿cuándo comió por última vez? Cuenta sus dedos grasientos de tanto pasarse la mano por la cabellera sucia y de tanto rebuscar en las basuras un trozo de pan enmohecido, una lata con migajas de sardina, una lechuga mustia, comida de sabores y olores raros, pero comida, ¡rediós!, comida... Lo que daría por un bollo, mierda, por qué pensaría en el Pillo y en la cuñá de la Mala, da una patada fuerte a una lata sin pensar. Luego, con el pie dolorido y la cara llena de granos y mala hostia, echa a correr detrás de la lata, quizá, piensa, haya restos de inmundicia que le ayuden a sobrevivir un día más, restos de deshechos que le sirvan a él, rata olvidada.



-----Y nunca la lucha rugió más fuerte ni la esperanza más baja-----


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