22/9/10

Rouge et golden

Leía cada mañana los periódicos, salía a la calle sin olvidarse las llaves y montaba en un barril de metal camino al trabajo. Nunca discutía con nadie ni se hacía notar. Era un ser callado, tímido y apartado de la muchedumbre irracional. Sólo sabía del sexo lo que veía en una pantalla reducida, luz en las medianoches de su mustio y encogido apartamento. De mujeres aún menos, apenas se le movía la sangre un poco si veía un anuncio subido de tono o una escena erótica, el porno le parecía falso y grotesco. De vez en cuando se iba a su cuarto sin cenar y despertaba con gula sana, un leve cosquilleo que rugía en sus adentros que acallaba con un café aguado y galletitas saladas.


Un día hubo una ventolera se llevó las calles y el útil gusano gris que le conducía a su oficina. De repente, al salir al exterior, lo vió todo desierto. Vino otra ventolera y se llevó la puerta. Las llaves no le servían de nada. Alzó la mirada y observó un cielo de La Rioja, miró al suelo y todo eran ríos templados de champagne. Decidió usar la puerta de barca, a ver si lograba no disgustar al señor K. Guiaba la precaria tabla con sus manos y brazos pero de camino al trabajo se perdió en la Venecia recién nacida y se dejo tragar por las efervescencias de un instante, embriagado en la hazaña de un inexistente Dorado. Con el rostro encendido por la luz diurna de un cielo borracho y el tambaleante suelo de un mar medio risueño decidió bañarse vestido de burbujas transparentes, y nadie volvió a verlo emerger.

0 opiniones confesadas:

Por cada palabra nace un pensamiento

No se censurará sino que se moderará. Como siempre, da voz a tus opiniones. Recuerda, no al nofollow y... ¡Gracias por comentar, espero leerte de nuevo!